Es otońo, 1964, me llamo John Coltrane y después de estos cinco días recluido en el piso de arriba de nuestra casa, en Long Island, sé que lo tengo todo, toda la música, todo listo.
Todo el sonido y el sonido de todo está ahora en mi sangre, recorriendo infinitamente mi espíritu, lanzándome hacia el cielo, respirando eternamente a través de mí.
Todas las palabras con las que se pronuncian los grandes discursos que despiertan y agitan nuestra conciencia y aquellas con las que se recitan los poemas más sinceros que nos desnudan, todo lo que aún no ha sido gritado, ni murmurado..., todo es la música que me habita. Por fin.
sábado, 4 de agosto de 2012
viernes, 29 de junio de 2012
Una experiencia pedagógica y constructiva
Hace unos días tuve la suerte de colaborar con una composición musical propia sobre una letra escrita por Xose Lois Seixo, fundador del grupo musical “Pirilampo”, para un trabajo pedagógico de la Asociación Pedagoxica Galega llamado “O ritmo do son”. La canción llevaba por titulo“ a voz do son”, una pieza musical ideal para los niños de cero a tres años donde se les enseñaba a asociar los sonidos reales tanto de personas como ambientales con un soporte musical muy estimulante junto a una letra donde se les va diciendo como es un sonido real.
Las escuelas municipales de Monte Alto, Os Cativos y Carricanta junto a los alumnos del ciclo superior de Educación Infantil del IES Ánxel Casal son los que desarrollan el proyecto a partir de Marzo, vinculado a actividades científicas relacionadas con el sonido para menores de 3 años.
Las actividades serán presentadas públicamente en el Día de la Ciencia en la calle, organizada por la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias y los Museos científicos coruñeses el primer sábado de Mayo.
Las escuelas municipales de Monte Alto, Os Cativos y Carricanta junto a los alumnos del ciclo superior de Educación Infantil del IES Ánxel Casal son los que desarrollan el proyecto a partir de Marzo, vinculado a actividades científicas relacionadas con el sonido para menores de 3 años.
Las actividades serán presentadas públicamente en el Día de la Ciencia en la calle, organizada por la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias y los Museos científicos coruñeses el primer sábado de Mayo.
http://www.youtube.com/watch?v=rxCjGJLg-°©‐7U
viernes, 8 de junio de 2012
Bill y el reloj de arena
El día que Scott se estrelló con su coche contra aquel maldito árbol tenía apenas veinticinco años, y durante meses no fui capaz de volver a tocar el piano, ni siquiera en mi propia casa. Desde entonces los días, los meses, los años, todo el tiempo comenzó a durar de una forma insoportable. Subía cada noche las escaleras con las manos guardadas en los bolsillos sin fondo de mi desmesurado abrigo de lana, apretando la rabia hasta el primer piso, el desasosiego alcanzando a duras penas el segundo, la angustia o algo muy parecido sujetaba mis pies al vacío a tan solo un paso de la tercera planta, y, por fin, la certeza de no comprender nada mientras abría una vez más una puerta tras la cual todo permanecía igual aunque ya nada era igual. No volvería jamás a serlo.
Apenas diez días antes, aquel domingo, habíamos tocado los tres en el Village Vanguard. Scott y Paul y yo y Scott y yo y Paul y yo y Paul y Scott. Diez días. Scott apretaba sus labios en un nuevo intento por conservar herméticamente el preciso instante en que sus dedos tocaban las primeras notas de "Gloria's steps". Catorcemilcuatrocientosminutos y Scott apretó para siempre sus labios en el instante preciso en que sus dedos tocaron para siempre las primeras notas... Ochocientossesentaycuatromilsegundos como granos de arena en los bolsillos sin fondo de mi desmesurado abrigo de lana arañándome las manos de Scott en el preciso instante en que sonaban, ya para siempre, las primeras notas de "Gloria's steps" atrapadas en sus labios herméticamente cerrados.
Recuerdo constantemente aquella primera gira a principios de los 60 que nos llevó desde Boston a San Francisco. En la habitación del hotel, antes de marchar hacia el club, Scott siempre cogía su contrabajo como si fuera una mujer, con la piel de madera, cálida y suave, y en un momento imprevisiblemente preciso, lo recostaba en el suelo dejando sonar una última nota que recorría las paredes y la luz y el aire y se metía por el cuello de nuestras camisas y nos acariciaba la piel y todo parecía tener una palabra exacta para ser nombrado y todos los granos de arena del reloj parecían caer sin fin. Y, entonces, subíamos a un taxi que nos conduciría hasta una noche especial (nunca encontré un adjetivo a la altura de aquellas noches). Eterna.
Aquella eternidad duró dieciocho meses. Después, Scott se estrelló con su coche contra aquel maldito árbol. Tenía apenas veinticinco años. Había nacido en el mes más cruel. Y yo decidí suicidarme lentamente. En un después interminable.
lunes, 30 de abril de 2012
Mestre Mateo 2011
| Maria Castro interpretando Pennies from heaven |
| Luis Tosar interpretando si yo fuera rico |
Otro año más el director y guionista Ángel de la Cruz ha confiado en mi como letrista de los números musicales de la Gala de entrega de premios de los Mestre Mateo 2011, celebrada en el Palexco de A Coruña este sábado 28 de Abril, retransmitida por la TVG y presentada por la actriz María Castro.
La Academia Galega do Audiovisual entregó cinco premios a la película de animación Arrugas, cuyo guionista Angel de la Cruz, recogería también el Goya 2012 al mejor guión adaptado. Doentes obtuvo otros cinco premios, la serie Matalobos cuatro, Tralas Luces tres y la Condesa Rebelde otros tres.
El espectáculo musical se centró en los momentos de crisis de nuestra historia. Para mí fue muy satisfactorio trabajar temas musicales clásicos como "Acuarius" de la película musical Hair, "If i were a rich man" de El violinista sobre el tejado, "Cosider yourself" de la mítica escena de Oliver Twist con la maravillosa participación de 60 niños del Coro Cantábile, "Pennies from heaven" de la película The Artist interpretado también por grandes como Billie Holliday y Frank Sinatra.
Quisiera destacar la humildad, simpatía y profesionalidad que demostraron Luis Tosar y María Castro en el momento de la grabación de los temas en el estudio Pirámide de Arturo Kress.
La coreógrafa Chedes, directora del Centro Coreógrafico Galego se encargó del diseño de los bailes interpretados por los bailarines de la compañía Druída, potenciando todos los musicales.
También me sorprendió la gran capacidad de ejecución y el buen trato de todo el equipo técnico y organizativo del evento, a quien quiero agradecer su apoyo.
Con nuestro grupo Ardora tuvimos también la oportunidad, gracias a Angel de la Cruz, de tocar uno de nuestros temas. En el escenario, Alberto Cañás (bajista), Pablo Barbeito (batería) y yo, como guitarra e interprete vocal, pudimos mostrar todo el trabajo y experiencia de muchos años para el público gallego.
![]() |
| El grupo Ardora interpreta su tema Mójame de tí |
Podeis ver la Gala en:
Tito Barbeito
lunes, 23 de enero de 2012
Etta James
Nos ha dejado una de las grandes voces negras de todos los tiempos. Empezó de la mano del gospel cuando era todavía una niña y recorrió una larga trayectoria con muchas subidas y algunas bajadas. Vivió la transformación musical desde los 50 a nuestros días, pasando por el blues, rithman blues, soul,... que interpretó maravillosamente en sucesivas etapas, influenciando a muchos.
Etta James es ya un clásico. Su voz profunda salía directamente de dentro, con intensidad y contundencia. Sus temas más populares "At last", "I Just Wanna Make Love To You", "All I Could Do Is cry" y "I'd Rather Go Blind" entre otros, forman parte de los grandes temas de la historia de la música.
Gracias, Etta
sábado, 14 de enero de 2012
Jimmi & Mi (les)
Fue a finales de los años sesenta, seguramente de eso es de lo único que podría estar seguro. La eternidad, al contrario de lo que cabría esperar, te hace dudar de todo.
En aquel tiempo subía al escenario luciendo aquellas chaquetas de lentejuelas rojas y aquellas gafas de sol tan horteras y tocaba de espaldas al público tal y como ordenaba la modernidad. La amplificación y el rock habían entrado en la música echando la puerta abajo, revolucionándolo todo y yo me encontraba una vez más en mi salsa, volvía a ser dios una vez más, y el público me adoraba aunque le diese la espalda. Fue en aquel tiempo cuando Bette (por entonces Betty Davis) me presentó a Jimmi.
Era un atardecer más de un mes de julio o quizás junio en que me había despertado con una resaca impresionante, después de aquella noche en que la discográfica había tenido la estúpida idea de celebrar el décimo aniversario de la grabación de "Kind of Blue", y había tenido que soportar a un puñado de gente idiota que reía sin parar como si la vida no fuese más que un chiste de blancos.
Betty (o Frances) no dejaba de advertirme que tenía que ir al concierto que daba esa noche un negrohijodeputa en el festival de Newport, en Rhode Island.
Newport. Joder, todavía hoy, cuando he perdido la cuenta de los años que llevo muerto, me tropiezo con algún pesado que me silba en la nuca aquel solo de "Round Midnight" que toqué en el '55, y me pide, en el colmo de lo absurdo, que le firme el elepé o que nos saquemos una foto juntos. ¿Para qué cojones quiere un muerto el autógrafo de otro muerto? ¿Se hará una paja cada vez que vea nuestra foto juntos? Pero lo cierto es que cuando me levanto las gafas de macarra para firmarle el puto disco no dejo de recordar a John abriendo con su saxo las puertas de la gloria.
El caso es que yo tenía aquella tarde una resaca de cojones y tan solo quería quedarme en casa y escuchar un par de discos bebiendo algo y telefonear a Gil para que me aconsejase sobre una nota con la que entrar en un blues. Todavía escucho a Gil al otro lado del teléfono: ¡Joder, Miles, deja que el batera te abra la puerta con un golpe de platillo y entra con la última nota y que John te acompañe en quinta disminuida, y cuelga el puto teléfono de una puta vez!
Pero Bette (o Frances) no dejaba de insistir en aquello de Newport, tenía tres entradas e iría al concierto acompañada, conmigo o sin mí. No me quedaré encerrada entre estas putas cuatro paredes.
Recuerdo que entré arrastrándome al cuarto de baño, casi sin tiempo para desatar el nudo de aquella bata de seda que había encargado con mi nombre bordado en letras grandes a la espalda como la de los boxeadores y que, al salir, me vi de repente sentado en una de aquellas sillas de madera en la primera fila, con el escenario ocupando todo el espacio que cabía en mis ojos y a Jimmi enchufando el jack de su guitarra blanca a un Marshall y supe que Bette (o Frances) tenía razón: aquel era un negrohijodeputa. Como yo. El público gritaba y silbaba y aplaudía y las tías parecían alcanzar el orgasmo viendo a Jimmi tan sólo enchufar su guitarra.
Todavía el cielo era turquesa como su ropa cuando empezó a tocar aquella introducción a un blues (creo que era "Red House") que hizo que mis dedos se moviesen como si estuviesen cabalgando sobre los pistones de mi trompeta como nunca lo habían hecho, como si algo indomable estuviese eligiendo, una vez más, mi futuro.
En aquel entonces todos en la banda parecían decidir su futuro un día sí y otro también. Ron decidió abandonar la formación antes que abandonar su contrabajo. Así que contraté a Vitous por unos meses y, más tarde, a Dave Holland. Herbie y Tony querían hacer su música, y yo, como siempre, quería hacer la mía. En aquellos días tocaba con tres teclados (Herbie, Chick y Joe) y dos bajistas (Ron y Dave). Aquella música parecía acelerar el tiempo de todo, para siempre.
Al final del concierto me acerqué al camerino a saludar Jimmi. Recuerdo que besó los labios de Bette (o de Frances) y que yo sentí como si sus grandes labios de negrohijodeputa besaran la boquilla de mi trompeta. Me dijo que llevaba tiempo escuchándome y que intentaba tocar en su guitarra esas capas de sonido que salían del saxo de John. Era un tipo completamente distinto a como la gente creía que era. Tan distinto que los negros lo despreciaban por creer que hacía música para blancos.
Después de aquel encuentro vino a visitarnos a casa unas cuantas veces y tocamos una música para la que ningún futuro se encontraba todavía dispuesto. A veces ocurre algo irrepetible en la vida, como cuando te encuentras en casa tomando un whisky con tu alma gemela, como sucedió con Ellington y Strayhorn, o cuando conocí a Bill o a John o a Wayne o a Gil (joder, yo siempre tuve más de un alma gemela).
Tengo el recuerdo de Jimmi como un tipo agradable, tranquilo e intenso. Yo me sentaba al piano y él sentaba en su regazo aquella acústica de doce cuerdas y Bette (o Frances) nos preparaba unos tragos que eran, en realidad, una declaración de amor. La última vez que nos vimos le dejé unas notas escondidas en el forro de su casaca, con la certeza de que el próximo encuentro sería en el estudio de Rudy y que grabaríamos algo que nadie había nunca escuchado, ni ayer, ni hoy, ni mañana.
Le invité a participar en la grabación de un álbum sobre un tema de Joe Zawinul, "In A Silent Way", pero él se había largado a Londres a morir y a ser el mejor negrohijodeputa tocando una guitarra blanca.
No estoy del todo seguro, la eternidad te hace dudar de todo, pero creo que de aquellos encuentros entre Jimmi y yo quedaron dos o tres grabaciones que quizás Frances (o Betty) haya conservado entre las ropas del armario, quizás entre aquel vestido de seda del color del melocotón y mi bata de boxeador.
En esta eternidad tan larga, echo en falta que algún jilipollas venga a silbarme en la nuca aquella música con la que nunca me sentí tan negro y tan dios. En esta eternidaden la que todos los días son mañana.
jueves, 5 de enero de 2012
Duke
">Hoy me desperté con una extraña sensación en la yema de los dedos. Fue algo así como si al despertador le faltase el minutero o a la camisa le faltasen un par de ojales o al periódico nuestro de cada día le faltase un desastre definitivo en su primera plana. Todo transcurrió con la perfecta apariencia de los gestos cotidianos de la primera hora de la mañana hasta que acerqué a mis labios la taza de café y pude constatar que mi dedo corazón de la mano izquierda carecía de huella. Al principio no encontré una explicación racional a tal fenómeno; pero últimamente no encontraba explicaciones racionales a tantas cosas... así que tampoco puedo decir que me sintiese del todo sorprendido o contrariado. De hecho, no recuerdo haber pensado ni por un momento en despertar a mi mujer o acudir al hospital o consultar la wikipedia.
Lo cierto es que recordé que esa misma noche me había soñado convertido en Ellington. Estábamos de gira, al final de un concierto en Pittsburgh. Era al final de los años treinta. Alguien de la banda me había dicho que tenía que hacerle una visita a un tal Billy Strayhorn, un tipo que trabajaba en una farmacia y que tocaba como nadie "Sophisticated Lady". Al final del concierto subí a un taxi y fui a su encuentro. Dios, aquel tipo tenía algo especial. Pasamos un buen rato tocando y hablando de música. Antes de marcharme y de que amaneciera le pedí que me hiciese una visita si algún día se dejaba caer por New York. Cuando vino a visitarme no recordaba exactamente la dirección; entonces dibujó unas notas en un papel como si se tratase de una especie de plano, a fin de encontrar el camino. Aquellas notas eran "Take the A train".
Y entonces sonó el maldito despertador con su maldita puntualidad y me desperté con una extraña sensación en la yema de los dedos.
Creo que, por encima de todo, Duke tenía un oído excepcional. Nadie es capaz de marcar el ritmo al piano con apenas unas notas como lo hace Ellington, al menos nadie que yo conozca. Tampoco conozco a nadie con el dedo carazón de la mano izquierda sin huella. Tal vez sirva para tocar el silencio.
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